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Nutrición, inmunidad y CORONAVIRUS. 1ª Parte: Vitamina D

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En este nuevo artículo hablaremos de nutrición y cómo reforzar la inmunidad para combatir el CORONAVIRUS, una primera parte donde destacamos la importancia de la Vitamina D.

En los últimos meses, a causa de la aparición del CORONAVIRUS en nuestras vidas,  hemos sido testigos de una sobreexposición en Internet de información. Leíamos numerosas noticias acerca de cómo reforzar el sistema inmune y qué factores suponían un riesgo para nuestra inmunidad. En muchos casos la información ofrecida no era rigurosa, carecía de rigor científico llegando a considerarse de dudosa veracidad.

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Es por ello que el equipo de Nutrigroup ha querido facilitar esta información contrastada. Un artículo que el propio Doctor Ramón de Cangas pone a disposición de los consumidores para despejar cualquier duda acerca de la importancia que tiene una correcta nutrición de nuestro organismo, en estos momentos. A continuación, se detallan los motivos por los que el déficit nutricional puede afectar negativamente al sistema inmunitario (*). Dado lo extenso y detallado de este documento hemos querido publicarlo por partes, con el fin de amenizar su lectura y facilitar su difusión entre los usuarios.

Esperamos que esta serie de artículos aporte claridad y sea de gran utilidad para nuestros lectores.

La desnutrición debido a la ingesta insuficiente de energía y macronutrientes y / o debido a deficiencias en micronutrientes específicos deteriora el sistema inmune, suprimiendo las funciones inmunes que son fundamentales para la protección del organismo.

Las anomalías más habituales se observan en la inmunidad mediada por células, el sistema del complemento, la función de los fagocitos, la producción de citoquinas, la respuesta de anticuerpos secretores de la mucosa y la afinidad por los anticuerpos.

Hay una serie de situaciones fisiológicas como el envejecimiento y el rendimiento del ejercicio físico intenso asociado con un deterioro de la respuesta de algunos parámetros inmunes. La nutrición puede influir en el grado de alteración inmune en ambos.

También hay numerosas situaciones patológicas en las que la nutrición desempeña un papel como determinante primario o secundario de algunos trastornos inmunológicos subyacentes. Esto incluye obesidad, trastornos alimentarios (anorexia nerviosa y bulimia nerviosa), hipersensibilidad alimentaria y trastornos gastrointestinales son algunos ejemplos.

Se requieren ingestas adecuadas de vitaminas y oligoelementos para que el sistema inmunitario funcione de manera eficiente (*).

Tengamos en cuenta que la deficiencia de micronutrientes suprime las funciones inmunes al afectar la respuesta inmune innata mediada por células T y la respuesta de anticuerpos adaptativos, y conduce a la desregulación de la respuesta equilibrada del huésped. Esto aumenta la susceptibilidad a las infecciones, con una mayor morbilidad y mortalidad.

A su vez, las infecciones agravan las deficiencias de micronutrientes al reducir la ingesta de nutrientes, aumentar las pérdidas e interferir con la utilización al alterar las vías metabólicas. La ingesta insuficiente de micronutrientes ocurre en personas con trastornos alimenticios, en fumadores (tanto activos como pasivos), en individuos con abuso crónico de alcohol, en pacientes con ciertas enfermedades, durante el embarazo y la lactancia, y en los ancianos.

Con el envejecimiento se observan una variedad de cambios en el sistema inmunitario, que se traducen en respuestas inmunes innatas y adaptativas menos efectivas y una mayor susceptibilidad a las infecciones.

Las vitaminas y oligoelementos antioxidantes (vitaminas C, E, selenio, cobre y zinc) contrarrestan el daño potencial causado por las especies reactivas de oxígeno a los tejidos celulares y modulan la función de las células inmunes a través de la regulación de los factores de transcripción sensibles a redox y afectan la producción de citocinas y prostaglandinas.

La ingesta adecuada de vitaminas B 6, ácido fólico, B 12, C, E y de selenio, zinc, cobre y hierro respalda una respuesta inmune mediada por citocinas Th1 con suficiente producción de citocinas proinflamatorias, que mantienen una inmunidad efectiva respuesta y evita un cambio a una respuesta inmunitaria antiinflamatoria mediada por células Th2 y un mayor riesgo de infecciones extracelulares.

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La suplementación con estos micronutrientes revierte la respuesta inmune mediada por células Th2 a una respuesta proinflamatoria regulada por citocinas Th1 con inmunidad innata mejorada. Las vitaminas A y D juegan un papel importante en la respuesta de anticuerpos tanto mediada por células como humoral y apoyan un perfil de citocinas antiinflamatorias mediadas por Th2.

Un déficit de vitamina A afecta tanto la inmunidad innata (regeneración epitelial de la mucosa) como la respuesta inmune adaptativa a la infección, lo que da como resultado una capacidad deteriorada para contrarrestar los patógenos extracelulares.

La deficiencia de vitamina D se correlaciona con una mayor susceptibilidad a las infecciones debido a una inmunidad innata localizada deteriorada y defectos en la respuesta inmune celular específica de antígeno. En general, la ingesta y el estado inadecuados de estas vitaminas y minerales pueden llevar a una inmunidad suprimida, lo que predispone a infecciones y agrava la desnutrición.

Puede ser interesante incluir alimentos ricos en vitaminas y minerales como el hierrofolatosseleniovitamina A, B12, B6, C, D y zinc ya que contribuyen al funcionamiento normal del sistema inmunitario (*)Tomar más no tiene razón de ser.

Aunque el proceso inflamatorio es esencial para el correcto funcionamiento del organismo, esta capacidad de reacción puede estar exacerbada en ocasiones, generando morbilidad y hasta mortalidad por la generación de diversas enfermedades.

La vitamina D es una hormona muy antigua en la evolución. Se ha demostrado que un fitoplacton de la especie Emiliani huxleii, el cual ha existido en el océano Atlántico desde hace más de 750 millones de años, tiene la capacidad de producir vitamina D cuando se expone a la luz solar.

Esta vitamina se encuentra en la naturaleza en dos formas: ergocalciferol o vitamina D2 y colecalciferol o vitamina D3. En el hombre la mayoría de la vitamina proviene de la transformación cutánea del 7-dehidrocolesterol en colecalciferol en presencia de la luz solar.

Se trata de una vitamina que se comporta como una hormona con múltiples funciones en el organismo. Es importante desde el punto de vista de la salud ósea, participa en la homeostasis calcio-fósforo del organismo y entre otras cosas también es importante para nuestro sistema inmune. Su déficit se ha relacionado con mayor riesgo de padecer ciertas patologías como cáncer, enfermedad cardiovascular o la esclerosis múltiple (*)

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A pesar de la síntesis cutánea y de la dieta se estima que más del 50% de la población está en riesgo de padecer deficiencia de vitamina D (*). Este riesgo es mayor en adolescentes, ancianos y en cualquier individuo que no reciba suficiente luz solar.

Los alimentos ricos en vitamina D no se consumen en abundancia pero los pescados grasos como el salmón, el atún y la caballa , el hígado, los lácteos enteros y la yema de huevo son fuentes significativas de vitamina D y son buena opción en nuestra dieta. También fortificados y suplementos.

El bajo nivel de vitamina D en invierno facilita que se produzcan epidemias virales.

Durante el invierno, es probable que las personas que no toman suplementos de vitamina D tengan concentraciones bajas de 25-hidroxivitamina D [25(OH)D] en el suero. La vitamina D puede reducir el riesgo de epidemias virales y pandemias de varias maneras. En primer lugar, las concentraciones más altas de 25(OH)D reducen el riesgo de muchas enfermedades crónicas, como cánceres, enfermedades cardiovasculares, infecciones crónicas del tracto respiratorio (ITR), diabetes mellitus e hipertensión.

Los pacientes con enfermedades crónicas tienen un riesgo significativamente mayor de muerte por ITR que las personas sanas. En segundo lugar, la vitamina D reduce el riesgo de las ITR por tres mecanismos: mantener las uniones apretadas, matar los virus envueltos mediante la inducción de catelicidina y defensas, y reducir la producción de citoquinas proinflamatorias por el sistema inmunológico innato, reduciendo así el riesgo de que una tormenta de citoquinas provoque neumonía.

En ciertos estudios observacionales se ha informado de que asocian concentraciones más elevadas de 25(OH)D  con reducción del riesgo de dengue,  herpes virus, virus de la hepatitis B y C, virus de la inmunodeficiencia humana, gripe, infecciones por virus sincitial respiratorio y neumonía.

Los resultados de algunos ensayos indican que las concentraciones de 25(OH)D superiores a 50 ng/ml (125 nmol/l) frente a <20 ng/ml se asocian con una reducción del 27% de las enfermedades de tipo gripal (*).

A partir de las pruebas disponibles, algunos autores plantean la hipótesis de que el aumento de las concentraciones séricas de 25(OH)D mediante la suplementación con vitamina D podría reducir la incidencia, la gravedad y el riesgo de muerte por gripe, neumonía y la actual epidemia de COVD19. 

Dr. Ramón de Cangas. 

¿QUÉ OS HA PARECIDO?. YA PODEIS DEJAR VUESTRO COMENTARIO A CONTINUACIÓN. Y muy pronto pondremos a vuestra disposición el siguiente artículo donde ampliaremos información acerca de nutrición, cómo reforzar la inmunidad para combatir el CORONAVIRUS, ahora que hemos destacado la importancia de la vitamina D, hablaremos de la importancia de la presencia de otras vitaminas en nuestra dieta diaria.

(*) Marcos A, Nova E, Montero A. Changes in the immune system are conditioned by nutrition. Eur J Clin Nutr. 2003 Sep;57 Suppl 1:S66-9
(*) Wintergerst ES, Maggini S, Hornig DH. Contribution of selected vitamins and trace elements to immune function. Ann Nutr Metab. 2007;51(4):301-23.
(*) Reglamento (UE) n ° 432/2012 de la Comisión, de 16 de mayo de 2012 , por el que se establece una lista de declaraciones autorizadas de propiedades saludables de los alimentos distintas de las relativas a la reducción del riesgo de enfermedad y al desarrollo y la salud de los niños.
(*) Sunlight and vitamin D for bone health and prevention of autoimmune disease, cancers and cardiovascular disease. Am J Clin Nutr. 2004;80 Suppl:S1678-88. 
(*) Chapuy MC, Preziosi P, Maaner M, Arnaud S, Galan P, Hercberg S, et al. Prevalence of vitamin D insufficiency in an adult normal population. Osteoporos Int, 7 (1997), pp. 439-43
(*) Grant, W.B.; Lahore, H.; McDonnell, S.L.; Baggerly, C.A.; French, C.B.; Aliano, J.L.; Bhattoa, H.P. Vitamin D Supplementation Could Prevent and Treat Influenza, Coronavirus, and Pneumonia Infections. Preprints 2020, 2020030235 (doi: 10.20944/preprints202003.0235.v1). 

One Reply to “Nutrición, inmunidad y CORONAVIRUS. 1ª Parte: Vitamina D”

  1. Muy interesante y por fín algo útil contra la pandemia. Gracias

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